Desayuno 'Hacia una industria inteligente y conectada' de Foro Plaza en Alicante
La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
Empresas y tecnología piden hablar el mismo idioma para acelerar la reindustrialización Foro Plaza Desayuno 'Hacia una industria inteligente y conectada' de Foro Plaza en Alicante
El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante. - Foto: RAFA MOLINA
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Sandra Murcia
Publicado: 07/07/2026 · 06:00
ALICANTE. La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
El encuentro, celebrado en Panoramis Life & Business, en la capital alicantina reunió a Rosa Sánchez, secretaria general de Fempa; Vicente Pastor, presidente de Avecal; José Antonio Carrasco, CEO de Emxys; Antonio Bedmar, general manager de Abionica; Nuria Oliver, cofundadora y directora de Fundación Ellis Alicante; Antonio Sánchez, presidente de Alicantec; Eva Toledo, presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante; Javier Beas, director general de CDV; y Juan Jiménez, director sector Industria de Laberit. La conversación estuvo moderada por Eugenio Mallol, periodista y coordinador de Foro Plaza. Antes del debate, Juan Manuel del Arco, CEO de Ediciones Plaza, introdujo el sentido de estos foros, precisamente, como espacios de reflexión empresarial llamados a ordenar ideas, detectar retos y poner en común propuestas útiles para el tejido productivo.
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Sandra Murcia
Publicado: 07/07/2026 · 06:00
ALICANTE. La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
El encuentro, celebrado en Panoramis Life & Business, en la capital alicantina reunió a Rosa Sánchez, secretaria general de Fempa; Vicente Pastor, presidente de Avecal; José Antonio Carrasco, CEO de Emxys; Antonio Bedmar, general manager de Abionica; Nuria Oliver, cofundadora y directora de Fundación Ellis Alicante; Antonio Sánchez, presidente de Alicantec; Eva Toledo, presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante; Javier Beas, director general de CDV; y Juan Jiménez, director sector Industria de Laberit. La conversación estuvo moderada por Eugenio Mallol, periodista y coordinador de Foro Plaza. Antes del debate, Juan Manuel del Arco, CEO de Ediciones Plaza, introdujo el sentido de estos foros, precisamente, como espacios de reflexión empresarial llamados a ordenar ideas, detectar retos y poner en común propuestas útiles para el tejido productivo.
Mallol situaba el punto de partida partiendo del hecho de que la industria está en el centro de casi todos los grandes asuntos económicos actuales, aunque no siempre ocupe el lugar que le corresponde en la conversación pública. Habló de talento, de conectividad, de energía, de inteligencia artificial, de defensa, de soberanía productiva, de cambios culturales dentro de las organizaciones y de una velocidad de mercado que obliga a incorporar tecnología con una rapidez difícil de asumir para muchas empresas. La pregunta era hacia dónde debe evolucionar el modelo productivo de la provincia de Alicante y qué papel puede desempeñar la industria en ese tránsito.
Así, Eva Toledo abrió el debate con una llamada al realismo estratégico. Antes de aspirar a copiar modelos ajenos, defendió la necesidad de hacer un mapeo de lo que ya existe en el territorio. Alicante, recordó, cuenta con una larga tradición industrial en sectores considerados tradicionales, pero con conocimiento acumulado, equipos directivos y operativos capaces, y trayectorias de adaptación que no siempre se reconocen. El ejemplo del juguete, que ha derivado hacia capacidades en inyectados y otros procesos, ilustra esa posibilidad de reconversión. La pandemia, añadió, demostró hasta qué punto Europa y sus territorios sufren cuando no tienen capacidad propia para producir determinados bienes o componentes.
Toledo defendió que la provincia debe ser consciente de lo que es y de lo que no es, de sus fortalezas reales y de sus debilidades. En ese marco, planteó que Alicante cuenta con condiciones para alojar capacidad de computación por disponibilidad de suelo y energía solar, aunque esa idea encontraría después matices importantes en la conversación. También puso el foco en uno de los obstáculos más repetidos durante el desayuno, el de la carga normativa. A su juicio, la regulación cambiante y excesiva acaba lastrando la competitividad de las empresas europeas frente a potencias como Estados Unidos o China. "Que el exceso de seguridad no nos lleve a perder competitividad" fue, en esencia, una de sus advertencias.
La presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante también llevó al debate la dificultad de poner en el mercado la innovación que se genera. En Europa, apuntó, no siempre existe financiación suficiente para lo intangible, mientras que en Estados Unidos o China esa financiación resulta más accesible. Y aunque consideró ideal la colaboración público-privada, defendió que, si debe elegir, la iniciativa privada tiene que marcar el camino. Alicante, sostuvo, dispone de equipos, conocimiento y directivos capaces de impulsar proyectos de reindustrialización "sin esperar a que nadie venga de fuera a hacerlo".
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ALICANTE. La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
El encuentro, celebrado en Panoramis Life & Business, en la capital alicantina reunió a Rosa Sánchez, secretaria general de Fempa; Vicente Pastor, presidente de Avecal; José Antonio Carrasco, CEO de Emxys; Antonio Bedmar, general manager de Abionica; Nuria Oliver, cofundadora y directora de Fundación Ellis Alicante; Antonio Sánchez, presidente de Alicantec; Eva Toledo, presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante; Javier Beas, director general de CDV; y Juan Jiménez, director sector Industria de Laberit. La conversación estuvo moderada por Eugenio Mallol, periodista y coordinador de Foro Plaza. Antes del debate, Juan Manuel del Arco, CEO de Ediciones Plaza, introdujo el sentido de estos foros, precisamente, como espacios de reflexión empresarial llamados a ordenar ideas, detectar retos y poner en común propuestas útiles para el tejido productivo.
Mallol situaba el punto de partida partiendo del hecho de que la industria está en el centro de casi todos los grandes asuntos económicos actuales, aunque no siempre ocupe el lugar que le corresponde en la conversación pública. Habló de talento, de conectividad, de energía, de inteligencia artificial, de defensa, de soberanía productiva, de cambios culturales dentro de las organizaciones y de una velocidad de mercado que obliga a incorporar tecnología con una rapidez difícil de asumir para muchas empresas. La pregunta era hacia dónde debe evolucionar el modelo productivo de la provincia de Alicante y qué papel puede desempeñar la industria en ese tránsito.
Así, Eva Toledo abrió el debate con una llamada al realismo estratégico. Antes de aspirar a copiar modelos ajenos, defendió la necesidad de hacer un mapeo de lo que ya existe en el territorio. Alicante, recordó, cuenta con una larga tradición industrial en sectores considerados tradicionales, pero con conocimiento acumulado, equipos directivos y operativos capaces, y trayectorias de adaptación que no siempre se reconocen. El ejemplo del juguete, que ha derivado hacia capacidades en inyectados y otros procesos, ilustra esa posibilidad de reconversión. La pandemia, añadió, demostró hasta qué punto Europa y sus territorios sufren cuando no tienen capacidad propia para producir determinados bienes o componentes.
Toledo defendió que la provincia debe ser consciente de lo que es y de lo que no es, de sus fortalezas reales y de sus debilidades. En ese marco, planteó que Alicante cuenta con condiciones para alojar capacidad de computación por disponibilidad de suelo y energía solar, aunque esa idea encontraría después matices importantes en la conversación. También puso el foco en uno de los obstáculos más repetidos durante el desayuno, el de la carga normativa. A su juicio, la regulación cambiante y excesiva acaba lastrando la competitividad de las empresas europeas frente a potencias como Estados Unidos o China. "Que el exceso de seguridad no nos lleve a perder competitividad" fue, en esencia, una de sus advertencias.
El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante.
Eva Toledo. - Foto: RAFA MOLINA
La presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante también llevó al debate la dificultad de poner en el mercado la innovación que se genera. En Europa, apuntó, no siempre existe financiación suficiente para lo intangible, mientras que en Estados Unidos o China esa financiación resulta más accesible. Y aunque consideró ideal la colaboración público-privada, defendió que, si debe elegir, la iniciativa privada tiene que marcar el camino. Alicante, sostuvo, dispone de equipos, conocimiento y directivos capaces de impulsar proyectos de reindustrialización "sin esperar a que nadie venga de fuera a hacerlo".
La cuestión regulatoria volvió con fuerza en la intervención de Rosa Sánchez. Desde la perspectiva de Fempa, expuso la "dificultad de compaginar el cumplimiento normativo con la competitividad". Europa exige estándares ambientales, de seguridad y de calidad que no siempre tienen una correspondencia equivalente en el resto del mundo. La secretaria general de Fempa planteó que "si el objetivo es que el consumidor europeo acceda a productos más seguros o que el mundo sea realmente más seguro". Porque, según afirmó, "si la exigencia solo recae sobre quienes producen en Europa y no se controla con la misma intensidad lo que entra desde otros mercados", el resultado puede ser una pérdida de competitividad sin un beneficio global equivalente.
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ALICANTE. La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
El encuentro, celebrado en Panoramis Life & Business, en la capital alicantina reunió a Rosa Sánchez, secretaria general de Fempa; Vicente Pastor, presidente de Avecal; José Antonio Carrasco, CEO de Emxys; Antonio Bedmar, general manager de Abionica; Nuria Oliver, cofundadora y directora de Fundación Ellis Alicante; Antonio Sánchez, presidente de Alicantec; Eva Toledo, presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante; Javier Beas, director general de CDV; y Juan Jiménez, director sector Industria de Laberit. La conversación estuvo moderada por Eugenio Mallol, periodista y coordinador de Foro Plaza. Antes del debate, Juan Manuel del Arco, CEO de Ediciones Plaza, introdujo el sentido de estos foros, precisamente, como espacios de reflexión empresarial llamados a ordenar ideas, detectar retos y poner en común propuestas útiles para el tejido productivo.
Mallol situaba el punto de partida partiendo del hecho de que la industria está en el centro de casi todos los grandes asuntos económicos actuales, aunque no siempre ocupe el lugar que le corresponde en la conversación pública. Habló de talento, de conectividad, de energía, de inteligencia artificial, de defensa, de soberanía productiva, de cambios culturales dentro de las organizaciones y de una velocidad de mercado que obliga a incorporar tecnología con una rapidez difícil de asumir para muchas empresas. La pregunta era hacia dónde debe evolucionar el modelo productivo de la provincia de Alicante y qué papel puede desempeñar la industria en ese tránsito.
Así, Eva Toledo abrió el debate con una llamada al realismo estratégico. Antes de aspirar a copiar modelos ajenos, defendió la necesidad de hacer un mapeo de lo que ya existe en el territorio. Alicante, recordó, cuenta con una larga tradición industrial en sectores considerados tradicionales, pero con conocimiento acumulado, equipos directivos y operativos capaces, y trayectorias de adaptación que no siempre se reconocen. El ejemplo del juguete, que ha derivado hacia capacidades en inyectados y otros procesos, ilustra esa posibilidad de reconversión. La pandemia, añadió, demostró hasta qué punto Europa y sus territorios sufren cuando no tienen capacidad propia para producir determinados bienes o componentes.
Toledo defendió que la provincia debe ser consciente de lo que es y de lo que no es, de sus fortalezas reales y de sus debilidades. En ese marco, planteó que Alicante cuenta con condiciones para alojar capacidad de computación por disponibilidad de suelo y energía solar, aunque esa idea encontraría después matices importantes en la conversación. También puso el foco en uno de los obstáculos más repetidos durante el desayuno, el de la carga normativa. A su juicio, la regulación cambiante y excesiva acaba lastrando la competitividad de las empresas europeas frente a potencias como Estados Unidos o China. "Que el exceso de seguridad no nos lleve a perder competitividad" fue, en esencia, una de sus advertencias.
El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante.
Eva Toledo. - Foto: RAFA MOLINA
La presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante también llevó al debate la dificultad de poner en el mercado la innovación que se genera. En Europa, apuntó, no siempre existe financiación suficiente para lo intangible, mientras que en Estados Unidos o China esa financiación resulta más accesible. Y aunque consideró ideal la colaboración público-privada, defendió que, si debe elegir, la iniciativa privada tiene que marcar el camino. Alicante, sostuvo, dispone de equipos, conocimiento y directivos capaces de impulsar proyectos de reindustrialización "sin esperar a que nadie venga de fuera a hacerlo".
La cuestión regulatoria volvió con fuerza en la intervención de Rosa Sánchez. Desde la perspectiva de Fempa, expuso la "dificultad de compaginar el cumplimiento normativo con la competitividad". Europa exige estándares ambientales, de seguridad y de calidad que no siempre tienen una correspondencia equivalente en el resto del mundo. La secretaria general de Fempa planteó que "si el objetivo es que el consumidor europeo acceda a productos más seguros o que el mundo sea realmente más seguro". Porque, según afirmó, "si la exigencia solo recae sobre quienes producen en Europa y no se controla con la misma intensidad lo que entra desde otros mercados", el resultado puede ser una pérdida de competitividad sin un beneficio global equivalente. El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante.
Rosa Sánchez. - Foto: RAFA MOLINA
Aquí Nuria Oliver introdujo entonces una precisión relevante. Quizá el problema no sea la regulación, sino el control de su cumplimiento. Si la norma se aplicara a todos los operadores por igual, con independencia del origen del producto, el marco competitivo sería distinto. Asimismo, esa reflexión abrió otra derivada, que la regulación, en muchos casos, se ha convertido en el motor que empuja a las empresas a transformarse, aunque también pueda convertirse en una carga si no va acompañada de medios, plazos razonables y supervisión homogénea.
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1 Innovación cubre la vacante en la dirección de la SPTD: Carmen Alfonso releva a Fermín Crespo 2 El Consorci Mare duplica los residuos que entran a la red de ecoparques respecto a 2025 3 La EGM del Pla de la Vallonga de Alicante facilitará segundos usos a los excedentes industriales 4 Los vecinos persisten en rescatar el edificio de Harinas Cloquell como museo etnológico de Alicante 5 El Elche CF busca nuevo jefe de los servicios médicos tras la marcha de Paco Martínez al Real Murcia
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Publicado: 07/07/2026 · 06:00
ALICANTE. La industria vuelve a reclamar espacio a nivel económico y social. Lo hace con la necesidad concreta de tener peso para sostener empleo cualificado, autonomía productiva, innovación aplicada y capacidad de respuesta ante crisis geopolíticas, tecnológicas o de suministro. Ese ha sido el lema de uno de los desayunos de Foro Plaza 2026 celebrado en Alicante, bajo el título Hacia una industria inteligente y conectada, una conversación para diagnosticar y compartir entre empresas, sectores productivos, tecnología, inteligencia artificial, aeroespacial, defensa, formación y representación empresarial.
El encuentro, celebrado en Panoramis Life & Business, en la capital alicantina reunió a Rosa Sánchez, secretaria general de Fempa; Vicente Pastor, presidente de Avecal; José Antonio Carrasco, CEO de Emxys; Antonio Bedmar, general manager de Abionica; Nuria Oliver, cofundadora y directora de Fundación Ellis Alicante; Antonio Sánchez, presidente de Alicantec; Eva Toledo, presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante; Javier Beas, director general de CDV; y Juan Jiménez, director sector Industria de Laberit. La conversación estuvo moderada por Eugenio Mallol, periodista y coordinador de Foro Plaza. Antes del debate, Juan Manuel del Arco, CEO de Ediciones Plaza, introdujo el sentido de estos foros, precisamente, como espacios de reflexión empresarial llamados a ordenar ideas, detectar retos y poner en común propuestas útiles para el tejido productivo.
Mallol situaba el punto de partida partiendo del hecho de que la industria está en el centro de casi todos los grandes asuntos económicos actuales, aunque no siempre ocupe el lugar que le corresponde en la conversación pública. Habló de talento, de conectividad, de energía, de inteligencia artificial, de defensa, de soberanía productiva, de cambios culturales dentro de las organizaciones y de una velocidad de mercado que obliga a incorporar tecnología con una rapidez difícil de asumir para muchas empresas. La pregunta era hacia dónde debe evolucionar el modelo productivo de la provincia de Alicante y qué papel puede desempeñar la industria en ese tránsito.
Así, Eva Toledo abrió el debate con una llamada al realismo estratégico. Antes de aspirar a copiar modelos ajenos, defendió la necesidad de hacer un mapeo de lo que ya existe en el territorio. Alicante, recordó, cuenta con una larga tradición industrial en sectores considerados tradicionales, pero con conocimiento acumulado, equipos directivos y operativos capaces, y trayectorias de adaptación que no siempre se reconocen. El ejemplo del juguete, que ha derivado hacia capacidades en inyectados y otros procesos, ilustra esa posibilidad de reconversión. La pandemia, añadió, demostró hasta qué punto Europa y sus territorios sufren cuando no tienen capacidad propia para producir determinados bienes o componentes.
Toledo defendió que la provincia debe ser consciente de lo que es y de lo que no es, de sus fortalezas reales y de sus debilidades. En ese marco, planteó que Alicante cuenta con condiciones para alojar capacidad de computación por disponibilidad de suelo y energía solar, aunque esa idea encontraría después matices importantes en la conversación. También puso el foco en uno de los obstáculos más repetidos durante el desayuno, el de la carga normativa. A su juicio, la regulación cambiante y excesiva acaba lastrando la competitividad de las empresas europeas frente a potencias como Estados Unidos o China. "Que el exceso de seguridad no nos lleve a perder competitividad" fue, en esencia, una de sus advertencias.
El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante.
Eva Toledo. - Foto: RAFA MOLINA
La presidenta de El Círculo-Directivos de Alicante también llevó al debate la dificultad de poner en el mercado la innovación que se genera. En Europa, apuntó, no siempre existe financiación suficiente para lo intangible, mientras que en Estados Unidos o China esa financiación resulta más accesible. Y aunque consideró ideal la colaboración público-privada, defendió que, si debe elegir, la iniciativa privada tiene que marcar el camino. Alicante, sostuvo, dispone de equipos, conocimiento y directivos capaces de impulsar proyectos de reindustrialización "sin esperar a que nadie venga de fuera a hacerlo".
La cuestión regulatoria volvió con fuerza en la intervención de Rosa Sánchez. Desde la perspectiva de Fempa, expuso la "dificultad de compaginar el cumplimiento normativo con la competitividad". Europa exige estándares ambientales, de seguridad y de calidad que no siempre tienen una correspondencia equivalente en el resto del mundo. La secretaria general de Fempa planteó que "si el objetivo es que el consumidor europeo acceda a productos más seguros o que el mundo sea realmente más seguro". Porque, según afirmó, "si la exigencia solo recae sobre quienes producen en Europa y no se controla con la misma intensidad lo que entra desde otros mercados", el resultado puede ser una pérdida de competitividad sin un beneficio global equivalente. El desayuno de Foro Plaza Hacia una industria inteligente y conectada, en Alicante.
Rosa Sánchez. - Foto: RAFA MOLINA
Aquí Nuria Oliver introdujo entonces una precisión relevante. Quizá el problema no sea la regulación, sino el control de su cumplimiento. Si la norma se aplicara a todos los operadores por igual, con independencia del origen del producto, el marco competitivo sería distinto. Asimismo, esa reflexión abrió otra derivada, que la regulación, en muchos casos, se ha convertido en el motor que empuja a las empresas a transformarse, aunque también pueda convertirse en una carga si no va acompañada de medios, plazos razonables y supervisión homogénea.
Vicente Pastor llevó esa cuestión al terreno del calzado y la moda. Explicó que en distintos foros internacionales "se reconoce ya que la sostenibilidad, por sí sola, no ayuda necesariamente a vender ni justifica siempre un mayor precio ante el consumidor final". En el sector del calzado, junto a otros ámbitos de la moda, se ha firmado un manifiesto contra el modelo de ultrafast fashion, especialmente por el impacto de las plataformas de pequeña paquetería que introducen productos desde otros países con niveles de inspección muy reducidos. Pastor señaló que esa presión obliga a las empresas locales a asumir costes regulatorios y de control que no siempre se exigen con la misma intensidad a quienes compiten desde fuera.
Asimismo, el presidente de Avecal reconoció que esa presión también está empujando a las empresas más avanzadas del sector a mirar hacia la tecnología, la digitalización y la mejora de procesos como vías para recuperar eficiencia. En el calzado, afirmó, las innovaciones más relevantes empiezan ahora a aterrizar de forma más tangible, aunque requieren tiempo, madurez y adaptación. La norma, defendió, debe acompasar esa transición para que pueda aplicarse de verdad.
Juan Jiménez, desde Laberit, advertía sobre el modo de incorporar tecnología. A su juicio, muchas empresas cometen el error de intentar replicar procesos antiguos con herramientas nuevas. La tecnología, defendió, debe servir para cambiar los procesos, no solo para mecanizarlos. También asumió que hay batallas que Europa ya ha perdido frente a China, por ejemplo en determinados ámbitos de la robótica, y que la respuesta no puede ser copiar tarde lo que otros ya dominan, sino construir modelos distintos. Citó como referencia la capacidad de empresas como Inditex para combinar tecnología, logística, rapidez y adaptación a escala global.
Jiménez añadió otra reflexión centrada en la provincia. Que la industria compite con sectores como el turismo y el inmobiliario, actividades muy atractivas por su rentabilidad. Esa realidad puede provocar que parte del talento empresarial abandone la industria porque encuentra retornos más inmediatos en otros ámbitos. Por eso, defendió, es necesario reforzar la diferenciación, la calidad, la tecnología y la innovación. Europa, afirmó, no debe verse solo como un problema, sino también como un apoyo y como un mercado potente si las empresas son capaces de aprovechar sus exigencias como factor de diferenciación.
Javier Beas situó la sostenibilidad en una dimensión más amplia. Para el director general de CDV, el problema aparece cuando la velocidad de la regulación es inferior a la velocidad a la que evolucionan la tecnología y la economía. Pero también defendió que la sostenibilidad no debe entenderse únicamente como una cuestión ambiental, sino como una estrategia centrada en las personas. La base, dijo, debe ser el bienestar humano dentro de la empresa y dentro de la sociedad. Si las personas están bien, si encuentran un entorno adecuado, ese impacto se traslada al resto de pilares de la organización y mejora también la competitividad.
A partir de ahí, Mallol llevó el debate hacia las oportunidades. La economía aeroespacial, la defensa, la inteligencia artificial y la conectividad aparecen como ámbitos capaces de generar nuevos mercados y arrastrar a sectores tradicionales hacia actividades de más valor añadido. José Antonio Carrasco explicó desde Emxys que el desarrollo de conocimiento en el sector espacial acaba trasladándose a la producción industrial. La exploración del universo, los vehículos espaciales o las nuevas formas de comunicación requieren componentes que antes no existían, y ese desarrollo actúa como tractor tecnológico. En última instancia, explicó, empresas tradicionales de mecanizado, plástico o fabricación especializada pueden acabar participando en proyectos de altísima exigencia si son capaces de adaptarse.
Por su parte, Antonio Bedmar coincidió en la importancia de concentrarse en sectores de alto valor añadido y pensar a largo plazo. Europa, sostuvo, no puede competir en costes laborales frente a otras regiones, de modo que debe apostar por conocimiento, retorno tecnológico y transversalidad. Desde su experiencia en Abionica, defendió que la regulación aeronáutica española y europea, aunque exigente, también aporta una ventaja. Convierte a las empresas que cumplen esos estándares en referencias internacionales y facilita que sus productos sean integrables y certificables en otros mercados. El ejemplo de Airbus apareció como prueba de que, cuando Europa decide apostar de forma estratégica por una industria, puede construir campeones globales.
Nuria Oliver llevó la conversación al terreno de la inteligencia artificial aplicada a la industria. A su juicio, Europa tiene una fortaleza diferencial precisamente por su tradición industrial, algo que Estados Unidos ha perdido parcialmente y que China aborda desde modelos donde el “todo vale” plantea otros problemas. La IA industrial, defendió, puede ser un espacio de oportunidad si se combina el conocimiento tecnológico con el conocimiento profundo de los procesos productivos. Sin embargo, Oliver matizó la idea de ubicar grandes centros de computación en Alicante si responden a proyectos de empresas extranjeras sin beneficio claro para la población. La computación intensiva, recordó, requiere grandes cantidades de energía y agua, genera impacto ambiental y no siempre devuelve valor al territorio. Otra cosa sería plantear una infraestructura ambiciosa promovida desde Alicante, para España y Europa, con una visión estratégica propia.
El debate también pasó por la necesidad de la "ambición". China lidera determinados campos, como el coche eléctrico, por su nivel de inversión y por la claridad de su apuesta. Europa, en cambio, aparece fragmentada, con más barreras internas y menor velocidad. Bedmar apuntó que para un fondo internacional puede resultar más atractivo invertir en mercados como Estados Unidos o China que en una Europa, más garantista. Aun así, el ejemplo de Airbus quedó como recordatorio de que la voluntad política, industrial y financiera puede cambiar la posición competitiva de un continente.
Antonio Sánchez, presidente de Alicantec, planteó otra pregunta de fondo, centrada en que si el sector tecnológico debe ser considerado también industria y cuál es su regulación. Recordó que sectores como el videojuego, el software o el aeroespacial existen en la Comunitat Valenciana desde hace años, aunque a veces se presenten como fenómenos recientes. José Antonio Carrasco reforzó esa idea al señalar que el sector aeroespacial en España comenzó en la Comunitat Valenciana en los años ochenta y que empresas como Emxys llevan años trabajando con organismos como la NASA.
En este punto, salió uno de los grandes consensos del foro. Que falta conexión. Industria y tecnología no siempre hablan el mismo idioma. La administración puede ayudar a tender puentes, pero el reto principal es que ambos mundos se entiendan, se crean mutuamente y colaboren en proyectos concretos. Rosa Sánchez fue especialmente clara. En una misma provincia conviven firmas tecnológicas avanzadas con empresas industriales que todavía trabajan con maquinaria del siglo pasado. Hacerles ver que existen nuevos procesos, nuevas máquinas y nuevas posibilidades es fundamental. Para ello, los eventos tecnológicos deben atraer también a industriales y los espacios industriales deben abrirse al conocimiento tecnológico.
Vicente Pastor trasladó esa desconexión al mundo de la moda. A veces, explicó, una consultora tecnológica se acerca al calzado, escucha bien en una primera reunión y acierta en el diagnóstico, pero después intenta implantar soluciones estándar que no encajan con la realidad del sector. El tamaño de la empresa, su madurez, su cultura y su capacidad de gestión son determinantes. No basta con llevar tecnología a la industria; hay que adaptarla al tejido real.
El talento apareció como otro de los grandes retos. Rosa Sánchez explicó que Fempa ha tenido que crear una escuela de Formación Profesional para "dar respuesta a necesidades que el sistema público no cubría con suficiente agilidad". Con ciclos vinculados a automoción, electromecánica y otras especialidades, la entidad intenta que el profesorado proceda del mundo profesional para evitar enseñar desde la desconexión. La empleabilidad, según sus notas, es prácticamente total, salvo en los casos de alumnos que continúan hacia la universidad. El problema, añadió, es que no hay suficientes alumnos y que existe menor interés por lo manual, precisamente cuando las empresas necesitan perfiles técnicos.
Carrasco apuntó que en otras zonas de Europa hay más universitarios en proporción y aun así las empresas tienen dificultades para encontrar talento. Jiménez añadió que los salarios más altos en otros países europeos hacen que muchos perfiles se marchen. Beas incorporó a esa reflexión el problema de la vivienda y la capacidad de Alicante para ser atractiva como territorio. Si la provincia consigue diferenciarse y generar un entorno en el que las personas quieran trabajar y vivir, las empresas también podrán competir mejor por el talento.
La inteligencia artificial ocupó una parte central de la conversación, pero sin caer en entusiasmo acrítico. Javier Beas la definió como un asunto estratégico que debe tener sentido para cada empresa. En CDV, explicó, han empezado por programación y automatización de procesos, acortando tiempos y cambiando formas de trabajo. El programador no desaparecerá, pero el que no se adapte a la IA tendrá menos espacio; el que combine conocimiento técnico con conocimiento del negocio tendrá un valor añadido.
Antonio Sánchez recordó que la IA no es nueva -Nuria Oliver ya defendió su tesis sobre inteligencia artificial en el año 2000-. Lo nuevo es la explosión de una parte concreta de esa tecnología y su impacto transversal. Jiménez propuso mirarla desde la lógica empresarial, donde puede servir para reducir gastos o para aumentar ingresos. Si solo se aplica a automatizar costes, puede sobrar gente; si se aplica a crecer, puede liberar talento para tareas de más valor. Oliver introdujo otro matiz, el de que muchos despidos atribuidos a la IA pueden responder en realidad a costes, inversiones sobredimensionadas o ajustes empresariales, no necesariamente a mejoras reales de productividad. A esa práctica se la denominó IA washing.
Para las pymes, sin embargo, la IA fue descrita como una herramienta de enorme potencial, especialmente en tareas repetitivas, burocráticas y de apoyo a procesos. También se mencionó su uso por parte de Red.es para gestionar justificaciones, aunque con la duda de si el resultado de algunas subvenciones ha sido realmente el esperado. La clave, de nuevo, no está en adoptar tecnología por moda, sino en definir para qué se usa, con qué datos, con qué seguridad y con qué retorno.
La soberanía del dato abrió otro bloque de debate. Mallol planteó la dificultad de compartir información entre empresas en espacios seguros sin vulnerar secretos comerciales o cuestiones sensibles. Juan Jiménez defendió que muchas empresas industriales con servidores propios pueden estar más expuestas de lo que creen, con puertos abiertos y accesos de mantenimiento poco controlados. A su juicio, la nube puede ofrecer hoy más seguridad y menor coste que muchas instalaciones internas, siempre que se utilice bien. Antonio Sánchez lo ilustró con una pregunta. ¿Cuántas empresas mantienen ya un servidor de correo propio'. La respuesta implícita fue que prácticamente han desaparecido porque la complejidad tecnológica los ha vuelto inviables.
Carrasco añadió que, con la tecnología adecuada, los datos utilizados en determinados servicios de IA pueden protegerse y eliminarse conforme a contrato, siempre que las empresas lean y entiendan bien las condiciones. Beas apeló al equilibrio, a reducir la exposición a terceros en aquello que sea crítico, pero no rechazar herramientas que pueden aportar seguridad y eficiencia. Bedmar recordó, no obstante, que en sectores críticos existen límites legales sobre la información que puede compartirse y que hay que ser prudentes.
Así, hay una oportunidad clara de hibridación entre sectores con distintos niveles de madurez. Nuria Oliver mantuvo que muchas oportunidades no se materializan simplemente porque las empresas desconocen que existen. La colaboración entre sectores tradicionales y emergentes puede generar nuevas fuentes de negocio para unos y servicios especializados para otros. Rosa Sánchez puso un ejemplo elocuente. Incluso proyectos tecnológicos avanzados como los aeroespaciales pueden necesitar profesionales de soldadura de toda la vida. La industria inteligente no elimina los oficios; los revaloriza si se conectan con nuevas cadenas de valor.ç
En la parte final, el debate regresó a la estructura empresarial. Bedmar defendió que, en un contexto de falta de talento y de necesidades crecientes en defensa e industria avanzada, la Comunitat Valenciana debe plantearse cómo ganar masa crítica. Eso puede implicar colaboraciones, fusiones, alianzas o fórmulas que permitan a micropymes y pequeñas empresas acceder a capacidades que solas no podrían desarrollar. El ejemplo de Laberit, que ha crecido mediante la unión de varias pequeñas empresas, apareció como referencia de esa vía.
Pastor insistió en que toda empresa, sea grande o pequeña, necesita estrategia. La complejidad normativa, la inestabilidad y la velocidad tecnológica obligan a hacer introspección, decidir hacia dónde se quiere ir y mantenerse firme. En su sector, explicó, quiere impulsar iniciativas prácticas para acercar a las empresas a la innovación, incluso con fórmulas tan directas como enviar emisarios a ferias, escuchar, observar y traducir después esas oportunidades al lenguaje del calzado.
Carrasco, por su parte, puso el acento en la cadena de suministro. En sectores como el aeroespacial, la dependencia de componentes electrónicos y semiconductores extranjeros sigue siendo muy elevada. Europa está haciendo esfuerzos, pero todavía queda lejos de disponer de suficiente autonomía. La soberanía industrial, por tanto, no es solo una idea política: se concreta en piezas, circuitos, proveedores, precios, disponibilidad y capacidad de fabricar cuando el mercado global se tensiona.
El foro dejó varias certezas. La primera, que la provincia de Alicante cuenta con sectores industriales con historia, conocimiento y capacidad de adaptación. La segunda, que la tecnología solo será útil si se conecta con los procesos reales de las empresas. La tercera, que la regulación puede ser una palanca de transformación, pero también un freno si no se aplica con equilibrio y supervisión homogénea. La cuarta, que la IA, el espacio, la defensa y los datos abren oportunidades, aunque exigen ambición, inversión, seguridad y talento. Y la quinta, quizá la más transversal, que la provincia necesita construir puentes entre industria y tecnología, entre empresa y formación, entre pymes y grandes proyectos, entre conocimiento y mercado.